Las células mesoteliales son células grandes, con un diámetro aproximado de 20 micrómetros, aunque presentan una notable variabilidad en cuanto a su tamaño. Estas células forman parte del mesotelio, el tejido que recubre las cavidades serosas del cuerpo como la pleura, el peritoneo y el pericardio.
En cuanto a su núcleo, puede haber uno o varios por célula, con formas redondeadas, arriñonadas u ovales. Se localizan de forma central y presentan un contorno suave y definido. La cromatina se distribuye de manera granular y fina, y suelen observarse nucléolos prominentes. En algunas ocasiones, es posible identificar figuras mitóticas, lo que indica actividad proliferativa.

El citoplasma de las células mesoteliales es denso y homogéneo, aunque su coloración puede variar. En ciertas condiciones, puede presentar vacuolas y márgenes festoneados, lo que le da un aspecto irregular. A veces se distingue una zona clara ectoplásmica y una zona endoplásmica más densa, lo que refleja una organización interna diferenciada. Con la tinción de Giemsa, el citoplasma adquiere una tonalidad azulada, mientras que con la técnica PAS se pueden observar gránulos PAS positivos, indicativos de la presencia de glucógeno u otras sustancias. Un rasgo característico es el llamado efecto ventana, que consiste en la aparición de un espacio claro entre los bordes citoplasmáticos de células adyacentes, visible en ciertas preparaciones microscópicas.
Estas características morfológicas y tintoriales son fundamentales para la identificación de las células mesoteliales en estudios citológicos, especialmente en el análisis de líquidos serosos, donde su presencia puede tener implicaciones diagnósticas importantes.
Nota: este texto se ha realizado a partir del Temario de las Oposiciones de Técnico de Anatomía Patológica



